Ley de Mecenazgo, ¿oportunidad o peligro?
Escrit el 25 gener, 2012 a les 9:27. Guardat a: #Bescriu per Cristina Riera
Desde luego los tiempos están cambiando. El estado de bienestar parece estar en camino de ser sustituido por una concepción neoliberal en la que el Estado se plantea pasar de la cultura como derecho universal que requiere apoyo público a dejarla a expensas del mercado y del patrocinio privado.
En este contexto se plantea la reforma de la Ley de Mecenazgo, histórica reclamación del sector cultural, como la receta mágica a todos los males. Una reforma imprescindible, sin duda (actualmente la ley del 2002 permite desgravar hasta un 25% de IRPF y 35% en impuesto de sociedades, frente al 60-70% de Francia e Inglaterra o hasta el 100% en EEUU). “No estamos en contra de la subvención a la cultura, pero sí de la cultura de la subvención” Pasar de la subvención a la desgravación y la institución se lava las manos. Aunque, como recuerda Donald Sasoon, “no deja de ser una subvención estatal, aunque se canalice a través de manos privadas” o Luis Martínez: “En cualquiera de los dos casos, conviene precisar, el que paga es usted, lector.”
Reforma imprescindible, sin duda alguna, pero ojo…, ni es la panacea ni es la solución a todos los males. Por un lado, y siguiendo la argumentación inicial, no se trata sólo de un nuevo modelo de financiación, sino de un modelo institucional, de mentalidad, de valores. Y la mentalidad y los hábitos requieren tiempo. No se convierte a un español en anglosajón a golpe de leyes. En España no existe por el momento suficiente tradición de inversión privada en cultura, ni sensibilidad ni consciencia suficiente por parte del tejido empresarial del interés a nivel de prestigio e imagen que puede conllevar la inversión en cultura, menos aún en un momento de crisis económica como la que afrontamos.
Por otra parte, desengañémonos, ceder el poder de decisión del apoyo cultural al sector privado implica dejar la cultura en criterios de rentabilidad empresariales, con todo el peligro de objetivos cortoplacistas y fácilmente digeribles por dirigentes no especialmente sensibles a conceptos como reflexión, investigación, crítica, riesgo… Así, es indispensable plantear un modelo mixto, en el que se logre una mayor participación de la sociedad civil y sector empresarial, pero protegiendo el concepto esencial de la cultura como derecho y un bien público que debe ser preservado desde la institución pública para garantizar su diversidad y accesibilidad, o, como recuerda Donald Sasoon.
Porque en la mayor parte de la cultura, “la autosuficiencia es imposible. Y la rentabilidad, una utopía.”
Últims comentaris al #Bblog